jueves, 7 de febrero de 2013

Amor y poesía

Podía verla pasar todos los días desde mi ventana, recitando versos en diferentes idiomas y escribiendo los suyos en un cuaderno negro. Un día recité a gritos una estrofa de un poema. Ella me sonrió y continuó con las siguientes estrofas. Así era nuestro juego día a día, y las noches cada vez se hacían más largas sin su presencia. Una tarde apareció con un vestido rojo e, inesperadamente, fue ella la que empezó recitando. Yo continué, pero ella se acercó y me dijo susurrándome al oído: "Mentiría si no dijese que me has enamorado a base de palabras. Me muero de ganas por un beso tuyo".

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